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El accidente geográfico costero al que llamamos “caleta” consiste en una delgada franja de tierra paralela a la costa, que encierra agua en su interior y que recibe el aporte diario de sedimentos marinos, compuestos por toneladas de arena y canto rodado, que junto a la poderosa acción del mar y sus mareas, moldean un paisaje muy particular. Asimismo, el nombre popular de “Valdés” tiene su origen en el honor dado a Don Antonio Valdés, Ministro de Marina y protector de una expedición española que se extendió alrededor del mundo, entre los años 1789 y 1794, que bautizó con ese nombre a la caleta. Posteriormente la península pasó a tener el mismo calificativo en lugar del de “San José”, en los mapas de los primeros pobladores.

 

Dentro de Península Valdés, el área protegida “Caleta Valdés” se ubica en Punta Cantor, transición entre las playas de pedregullo, casi al mismo nivel del camino, y el comienzo de la elevación del terreno que desemboca en imponentes acantilados, los cuales dominan gran parte del sur de la geografía. Este magnífico lugar propone una visita de 45 minutos o de un día entero, según el interés del propio visitante, pero que de ninguna manera defraudará sus expectativas. Es uno de los sitios más concurridos por turistas de todo el mundo, ya que sus playas reciben anualmente a diferentes especies de mamíferos marinos y aves, los cuales se refugian en sus costas, como antiguamente lo hacían las embarcaciones, en busca de un lugar que brinde protección, alimento y descanso. Veamos de qué se trata.

 


Cómo llegar

Se accede por ruta provincial Nº 2 de asfalto hasta llegar al Puesto “El Desempeño”, Ingreso a la Península. El siguiente paso es el Istmo Ameghino, Centro de Interpretación del área protegida, el cual es muy recomendable visitar para informarse acerca de las reglamentaciones vigentes del área. De allí restan 27 Km. para llegar a Puerto Pirámides, paso obligado por ser un poblado con los servicios básicos para el turista (incluido la carga de combustible). Por camino de ripio y desde Puerto Pirámides, optando por el camino norte hacia Caleta Valdés, son 71 Km. de distancia tomando la ruta provincial Nº 3, luego empalmando la ruta 52 y luego la ruta 47, que costea el mar abierto. Si se prefiere la ruta del sur, se continúa por la ruta 2 con dirección a Punta Delgada, allí se empalma la ruta 47, costeando la zona de los acantilados. Este camino es más extenso, con un total de 110 Km. de recorrido.

 


El arca de Noé de la Península

Es inevitable la curiosidad y la sorpresa que genera llegar al lugar, ya que a medida que se avanza por la ruta 47, la figura de la caleta va tomando forma. Se vuelve comprensible donde esta su principio y donde el fin de tan singular ambiente costero. El movimiento que producen las aguas que ingresan y salen de la “boca”, única zona abierta que se conecta con el mar en los 35 Km. de su extensión, le quitan la característica tranquilidad presente en el resto de su fisonomía. El agua de colores verde y turquesa fluye, oxigena y mueve el sedimento, lo que le confiere propiedades únicas de salinidad, temperatura y profundidad.

 

 

Una de las tantas especies emblemáticas que podremos encontrar es el Pingüino de Magallanes, los cuales establecen todos los años en esta zona su nidada, dando origen a una pequeña pingüinera en expansión. A tan sólo 7 Km. del área protegida y sobre la ruta 47, entre los meses de Septiembre y Abril, se puede observar a este eximio nadador, y que infatigablemente retorna a su nido, de no mediar ningún imprevisto en su largo periplo oceánico.

Otro que se lleva las miradas atentas es el Elefante Marino del Sur, el gran protagonista de este lugar, ya que arriban a estas costas hacia fines de Agosto, cuando la reproducción (que realizan fuera del agua) se torna el eje central de su vida. Durante el verano y hasta Abril realizan la muda del pelaje, período de menos actividad. Recorriendo el sendero principal del área, de unos 250 metros de extensión, puede uno ser testigo de la vida más íntima de estos animales, observando cortejos, formación de harenes, nacimientos y peleas entre machos de más de 4 metros de largo y casi 3000 kilogramos. Todo al ritmo del viento y las mareas. Junto a ellos, una variedad de aves carroñeras como gaviotas cocineras, petreles gigantes y palomas antárticas, esperan la oportunidad de comer los restos de placenta y el cordón umbilical de los elefantes recién nacidos. Un poco más alejados, otras aves como el pato crestón y el ostrero común, prefieren esperar la bajamar, para adentrarse en la restinga y alimentarse de crustáceos, bivalvos y demás organismos que allí habitan. Las buceadoras como el Biguá y el Macá, transcurren su tiempo en inmersiones cortas en busca de peces, a los cuales ensartan con sus picos finos y afilados.

 

 

Cuando las crías de elefante van creciendo y comienzan sus primeras experiencias natatorias en el mar (esto ocurre durante Octubre y Noviembre), aparece uno de sus principales predadores: la Orca. Existe entonces, la posibilidad para el visitante de verlas desde los senderos, cuando patrullan junto a la rompiente, a la espera de poder cazar a los desprevenidos cachorros que ignoran muchas veces la presencia de estos delfines. La observación de orcas sin embargo, requiere de paciencia, disponibilidad de tiempo, y una dosis de suerte, ya que no es una constante en la zona, si no más bien, una presencia ocasional incentivada por la disponibilidad de presas cerca de la costa.

 

 

Los lobos marinos de un pelo también están presentes en el lugar, pero no de forma permanente. Suelen descansar en pequeños islotes que se forman en la bajamar junto a la caleta o pasar nadando en grupos. Un poco más alejadas, a unos 400 metros de la costa podremos observar a la Ballena Franca Austral, en su camino hacia los golfos Nuevo y San José. Sin embargo, el mejor lugar para admirar a estos increíbles cetáceos es embarcándose en Puerto Pirámides, para realizar la excursión náutica, actividad regulada dentro de la península.

 

Un paisaje cultural

El área cuenta con un segundo sendero con la modalidad autoguiado, de 1500 metros de largo y con dos miradores hacia la boca de la caleta, un lugar para admirar los efectos de la naturaleza. En el trayecto la cartelería nos brinda información del patrimonio cultural y natural existente, detallando algunas de las especies características del lugar, haciendo referencia al paso por estas tierras de Darwin en su viaje a bordo del “Beagle”, de los usos y las costumbres de los indígenas, y de señalizar los restos de una embarcación hundida, la goleta “Lolita”, que en 1905 intentando hacer uso de la caleta como fondeadero natural, fracasó en su empresa y dejó como testimonio su ancla y pertrechos de la embarcación.

En cuanto a infraestructura turística, el lugar cuenta con restaurante a cargo de la EstanciaLa Elvira”, una casa de regionales, puesto de Guarda faunas permanentes y baños públicos. En temporada alta el lugar cuenta con servicio de ambulancia dependiente del Hospital de Puerto Pirámides.

 

 

El espectáculo natural que ofrecen la flora y fauna de Caleta Valdés, junto con la puesta en valor de su patrimonio cultural, invita al visitante a pensar en el importante papel que cumplen las áreas protegidas como espacios para la conservación de ecosistemas singulares, paisajes de extraordinaria belleza y de valiosos recursos culturales. La participación y responsabilidad al visitarlas garantiza el cumplimiento de estos objetivos a largo plazo.

Texto y fotos: Diego G. Ferrer

Nota Publicada en Revista Recorriendo La Patagonia

 

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