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orcas-varamiento-intencionalAutor Roberto Bubas

Foto: Daniel Feldman

Debemos considerar que realizar actividades fuera de su medio habitual para un animal de anatomía adaptada al agua no solamente no es tarea fácil, sino que además es un comportamiento sumamente riesgoso. Las orcas con poca experiencia están expuestas de forma permanente a quedar varadas y morir si el oleaje es excesivo o la marea ha descendido demasiado.

Han ocurrido accidentes de este tipo durante la enseñanza y entrenamiento de los juveniles, mientras se desplazan cerca de la costa intentando aprender a dominar la técnica del varamiento intencional. El costo de un error en el impulso y la posterior coordinación de movimientos para regresar al mar, junto con variables meteorológicas inadecuadas y condiciones de marea poco propicias pueden tener consecuencias fatales para las orcas. La costa de la Patagonia Norte tiene escasa presencia humana (más de un 95% de su perímetro total está deshabitado), por lo que es muy probable que muchos encallamientos accidentales de las orcas ocurran en lugares despoblados, y por lo tanto mueran en el término de algunas horas sin posibilidad de ser auxiliadas.

Uno de los casos registrados ocurrió el 7 de diciembre de 1990, en Punta Norte, cuando Ishtar y Sparky, dos hembras de la población residente quedaron varadas durante la madrugada sobre las restingas frente al mirador de la reserva. Afortunadamente en esa ocasión la señora Blanca Vera, madre del Guardafauna a cargo del área Roberto García Vera, divisó a tiempo a las dos orcas varadas y rápidamente el guardafauna montó un operativo de salvataje, solicitando la ayuda de turistas, guías y otras personas que se encontraban en el lugar, y luego de varias horas de esfuerzos lograron salvarlas.

 

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Detrás de la evidente importancia del alerta temprano de Blanca Vera y del esfuerzo de las personas que intervinieron en el rescate subyace un hecho aún más trascendente: las orcas rescatadas en ese episodio continúan vivas en la actualidad y lideran dos de los grupos matrilineales más importantes de la población residente, formando parte del linaje de las únicas siete orcas varadoras del planeta. Como homenaje a quien resultara de importancia crucial en el rescate, guardafaunas de la provincia del Chubut decidieron individualizar a una de las orcas post-reproductivas más longevas de la población de orcas residentes de Valdés con el nombre de Doña Blanca, incorporándola al catálogo identificatorio oficial 2007.

El caso más reciente de un varamiento accidental ocurrió en la Isla de los pájaros, en Península Valdés, el 17 de agosto del 2005, cuando Valentín, una cría nacida e identificada en abril del mismo año, hijo de la hembra cazadora Ishtar quedó atrapado en la playa durante la bajamar. Este cachorro de seis meses de vida y casi 200 kilogramos de peso logró desvararse durante la pleamar algunas horas después de su encallamiento sin mayores daños, gracias a un grupo de voluntarios que concurrieron a prestar ayuda y que formaron durante varias horas una cadena humana, pasando baldes de agua de mano en mano para evitar su deshidratación.

 

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